Es un honor estar junto a mis colegas de la Misión Israelí para marcar el inicio de Janucá. Tras la tragedia en Sídney, la noche fue un recordatorio solemne de que el espíritu judío permanece intacto. Lloramos a los que han perdido y nos comprometemos de nuevo a ser una luz frente a la oscuridad del antisemitismo en la ONU y en todo el mundo.